

Declaración internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM)
El 30 de marzo de 1976 el pueblo palestino se levantó en contra el acaparamiento israelí de sus tierras y el día en que las fuerzas de ocupación israelíes mataron durante las manifestaciones a seispersonas, hiriendo a cientos. Desde entonces, cada 30 de marzo conmemoramos el Día de la Tierra, un día de resistencia arraigado en la defensa de la tierra, la vida y la existencia colectiva frente al despojo colonial.
Hoy enfrentamos la guerra y la militarización cada vez más extensas y exacerbadas en todo el mundo. Las tierras y las vidas de los pueblos se convierten en campos de batalla con el propósito de mantener la hegemonía geopolítica de las fuerzas imperialistas. Desde Palestina hasta Irán, desde el Líbano hasta Irak, desde Cuba hasta Venezuela, desde Sudán hasta el Sáhara Occidental, el objetivo es el mismo: aumentar el control sobre la energía mediante la fragmentación y la supresión de la soberanía de los pueblos.
Vivimos en un mundo en el que la acumulación se sustenta mediante la guerra, la ocupación y la destrucción. Hoy somos testigos de la expresión más explícita y brutal de los sistemas de opresión en Palestina. Nuestras compañeras palestinas señalan que no se trata de una nueva escalada, sino de una realidad constante de ocupación, apartheid y violencia colonialista.
En Jerusalén, el pueblo palestino sigue sometido a un régimen de desplazamiento forzado y genocidio. Las expulsiones en curso en Silwan y Sheikh Jarrah, y la demolición sistemática de viviendas, forman parte de una estrategia deliberada para fragmentar y eliminar la presencia palestina. El cierre de la mezquita de Al-Aqsa durante el Ramadán representa no solo una restricción de la libertad religiosa, sino un ataque a la vida colectiva, la memoria y la identidad.
En Cisjordania, las redadas militares, las detenciones, la violencia de los colonos y la expansión de los asentamientos agravan la fragmentación y el despojo. Las restricciones a la libertad de movimiento y la confiscación de tierras son instrumentos de control que asfixian la vida cotidiana y niegan cualquier posibilidad de estabilidad.
En Gaza, el bloqueo en curso y los repetidos ataques militares han generado una realidad humanitaria catastrófica. Comunidades enteras quedan destruidas y se les niega sistemáticamente el acceso a alimentos, agua, atención sanitaria y electricidad. Lo que se está desarrollando no es solo una crisis, sino una política deliberada de castigo colectivo. En toda Palestina, los puestos de control, la vigilancia y la presencia militar condicionan la vida cotidiana. Los niños y las niñas crecen bajo la ocupación, aprendiendo que el miedo es una condición de su existencia.
Las mujeres palestinas están al frente de la resistencia.
Las mujeres palestinas asumen la carga de sostener la vida bajo el asedio, garantizando la supervivencia en medio de la destrucción, el desplazamiento y las privaciones económicas. Resisten no solo a la ocupación, sino también a los sistemas entrecruzados de opresión y explotación que determinan sus condiciones de vida.
Reconocemos el liderazgo de las mujeres palestinas a través de la organización de base, la solidaridad comunitaria y el cuidado colectivo. Apoyamos a nuestras compañeras y hermanas palestinas que defienden la vida frente al necro-capitalismo.
Esta resistencia no es una excepción.
Denunciamos la guerra librada por la hegemonía geopolítica imperialista en Oriente Medio.
La guerra imperialista contra Irán provoca una destrucción medioambiental irreversible, que castiga no solo a la resistencia actual, sino también a las futuras generaciones de ese territorio.
En el Líbano, las violaciones de la soberanía, los desplazamientos forzados y la destrucción de infraestructuras civiles reflejan una estrategia de castigo colectivo y de despojo de territorios.
En Irak, los continuos ataques aéreos y las operaciones militares generan inseguridad generalizada, daños a la población civil y represión de los movimientos feministas y civiles.
En Kuwait, los ataques contra zonas civiles indican la expansión del conflicto y la creciente vulnerabilidad de la población.
Las mujeres, en las zonas de guerra, se encuentran en primera línea para mantener la vida, al tiempo que se enfrentan a una violencia, una pobreza y una represión cada vez más intensas.
Denunciamos la ocupación israelí y la colonización en curso de los territorios palestinos, así como el genocidio en Gaza y todas las formas de castigo colectivo impuestas al pueblo palestino y a las mujeres palestinas.
Condenamos enérgicamente las intervenciones imperialistas, la presencia militar extranjera y la expansión de la guerra por toda la región, así como el uso de sanciones y embargos como instrumentos de dominación y control.
Así mismo, nos oponemos a la criminalización de los movimientos feministas y a la reducción del espacio cívico bajo los llamados pretextos de seguridad, que pretenden silenciar la resistencia y reprimir las luchas por la justicia y la liberación.
Reafirmamos que la paz no puede construirse mediante la militarización, la ocupación o la intervención imperialista.
La paz solo puede surgir de las luchas de los pueblos, de la autodeterminación y de alternativas feministas que sitúen la sostenibilidad de la vida en el centro. La liberación de las mujeres solo es posible mediante la lucha feminista.
Desde el río hasta el mar,
¡Palestina vencerá!
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